artist statement
Mis mundos pictóricos son fundamentalmente urbanos, es decir, muestran una interacción entre personas o bien entre personas y su entorno cotidiano. De esa interacción surge una reflexión que es natural, una búsqueda instintiva que intento reflejar en la tela y compartir con quienes observan mi trabajo. Pienso que toda reflexión artística es también una invitación abierta que se configura en el espectador y ese hecho resulta muy estimulante para mí como artista.
Me gusta pintar el mundo de manera fragmentada porque siento que esa forma de verlo me acerca más a comprender su complejidad. Disfruto descubrir personajes que invento o que aparecen en la tela y ver cómo el espectador los descubre también e imagina cosas acerca de ellos, e incluso acerca de sus biografías.
Cuando empiezo a pintar no siempre sé qué camino seguir. Por lo general tengo una idea, pero las intervenciones que hago sobre la tela pueden sugerir cosas inesperadas, personajes, un “tono” anímico. Hay una especie de lenguaje en la paleta de colores, en la mancha, en las texturas; todo puede ser determinante o no. Entonces hay que tomar decisiones y la obra se va construyendo o deconstruyendo. Es un fenómeno emocional e intelectual que disfruto mucho. El proceso del artista, creo yo, es en esencia buscar hasta encontrar. Pero es también y al mismo tiempo “descariñarse” con lo ya hecho si es que una no termina de convencerse. Como ya lo dijo Huidobro mejor que nadie: “el adjetivo, cuando no da vida, mata”.
Por último, nombrar las obras es algo que siempre hago. Siento que el nombre es importante porque dice muchas cosas de la obra y, sobre todo, porque constituye un “puente” que invita al espectador a entrar en ella. Nombrar es un acto esencialmente humano y el artista nunca debería renunciar a él.